LAS LETRAS Y YO 

Algunas pinceladas sobre los orígenes de mi actividad literaria

    Si tuviese que explicar las razones de esta afición mía a tejer palabras, tendría que remontarme a aquel primer libro sin pastas, de hojas amarillentas, que mi madre rescató de un viejo baúl, convirtiendo nuestros inviernos junto al fuego en un escenario entrañable y mágico. Allí, a mi hermano y a mí se nos desbordaban la imaginación y las lágrimas: De los Apeninos a los Andes, El tamborcillo sardo o Naufragio, una y otra vez cobraban vida desde el Corazón de Edmundo de Amicis a nuestro corazón de niños, tan proclive a las emociones.

    Mucho que ver tuvieron también dos profesores, uno de Literatura y el otro de Filosofía, que en mi paso por el Instituto Padre Juan de Mariana de Talavera de la Reina me enseñaron a escribir y a pensar.

    Pero la responsabilidad mayor, sin duda habría que buscarla en aquella primera colección Púrpura de Editorial Libra. Con una edición económicamente asequible, llenó de libros la primera balda de mi primera biblioteca; una estantería de madera que mi padre construyó para mí. Desde sus páginas, pude sentir la esencia de los clásicos: Madame Bovary de Flaubert, o La taberna de Zola, son novelas que leí con sorpresa y admiración. Admito que se quedaron de por vida en mi recuerdo.  

    Pasaron los años. La enseñanza, actividad que siempre ha ocupado mi vida profesional, recondujo mis pulsiones literarias hacia el campo de la pedagogía. De ese modo, tuve ocasión de hacer mis piruetas creativas en el diseño de materiales didácticos o de programas de formación para profesores.

    No sé bien por qué, pero un buen día decidí escribir una novela.  Con constancia, y robándole muchas horas al sueño, dos años más tarde lograría terminarla. Lo bueno viene a continuación: tampoco sé cómo, pero se me ocurrió la feliz idea de enviarla al Premio Planeta.

    Una noche de primeros de octubre de 2001, encontré en Internet mi obra y mi seudónimo entre las finalistas que optaban al premio. Ahora tengo claro, por razones obvias, que nunca hubiera llegado a ganarlo, pero este acontecimiento literario supuso para mí una inyección de adrenalina tan fuerte que aún perduran sus efectos.

    Cuando escribo, me gusta plantear situaciones cotidianas, analizar los problemas de las personas; de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Disfruto involucrándome en el maravilloso juego del artificio creativo; en las historias inventadas, que a veces se desgranan con dolor como si fueran  lágrimas.  

    Hoy abro esta página con el deseo de hacer un hueco a mi experiencia literaria; de ordenar y recoger el trabajo de una década. Mi deseo sería que aquellos de vosotros que os acerquéis a mi obra, viváis con su lectura las vidas de los personajes; experimentéis el mismo sentimiento que he tratado de poner en sus voces; la misma emoción que yo sentí cuando intentaba darles vida. 

Consolación González Rico

 

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Me gusta...

Corazón, mi primer libro. Un tesoro encontrado en un baúl vetusto que de niña me hizo soñar.

Púrpura, mi primera colección; la que me hizo volar sin alas. 

Machado, pensamiento profundo y belleza en la palabra.

Jacques Brel, lamento al amor perdido.

Fito, poeta urbano, "porque escribo igual que sangro, porque sangro todo lo que escribo..." 

 

 Juan Sebastián Bach, más allá de los sentidos. 

 

Torrecilla de la Jara, el pueblo que guarda mis raíces, marco geográfico de Una mujer de la Oretana.

En el horizonte, los Montes de Toledo.

El puente de piedra que cubrían las lluvias.